El Covirán Granada, de equipo a individualidades

Granada/Al Covirán Granada la salvación en la Liga Endesa se le está complicando jornada tras jornada. Ya hasta lo reconoce su entrenador, Pablo Pin, que en la rueda de prensa posterior al choque de su equipo ante el Valencia Basket declaró que “la permanencia está muy difícil, pero todo es posible en el baloncesto”. No queda otra que ser realistas porque la situación es harto complicada.
Restan nueve partidos para el final de la competición en su fase regular y los rojinegros tan sólo tienen seis victorias. Además, se encuentran a tres y con el basket average perdido ante Lleida y Surne Bilbao Basket, ganado a Girona y pendiente con MoraBanc Andorra. Pero el calendario que tienen por delante no es precisamente fácil. Los dos próximos fines de semana se medirán al La Laguna Tenerife en tierras canarias, y recibirá en el Palacio de Deportes al Barcelona, que ha cambiado su dinámica en el último mes y medio de competición. Los tinerfeños son segundos y el Barça quinto. De no sacar adelante alguna victoria ante alguno de los dos rivales citados, restarán siete duelos con la necesidad de sacar, como mínimo, cinco triunfos. Algo que nunca han hecho en las dos campañas anteriores.
Pero lo cierto es que la imagen que ofrecieron los rojinegros ante los de Pedro Martínez no invita al optimismo. Sobre todo porque, tras la remodelación de la plantilla por enfermedades, lesiones y alguna que otra situación incómoda, el equipo granadino está realizando una pretemporada a falta de dos meses para que finalice la liga y con el déficit de triunfos que acumula. Cinco jugadores nuevos en tan poco margen de tiempo y ninguno con un talento excepción salvo, quizá, Samuel Griffin, han llevado al Covirán Granada a tener que hacer un milagro deportivo para salvarse por tercera temporada consecutiva.
El pasado domingo se escucharon por primera vez en mucho tiempo pitos en la grada. No era para menos. Y eso que los valencianos levantaron el pie, se relajaron y permitieron a los rojinegros maquillar el resultado. Eso lo aprovecharon algunos de los nuevos integrantes para hacer sus números que, de cara a un futuro contrato en la ACB, le vendrán bien. Y es que con Noua y Valtonen a un bajo nivel, con Sergi García tocado, Rousselle agotado físicamente y los pívots haciendo lo que pueden, no se vio a un equipo. Todo lo contrario. Cada uno hizo la guerra por su cuenta en muchos momentos del choque, y eso se percibió en la grada.
De competir casi siempre se pasó a acciones individuales, con Omar Silverio y Griffin como protagonistas, y poco más. El final de campaña se le puede hacer muy largo a un equipo que ha jugado dos años con fuego y que todo indica que al tercero se terminará quemando.
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