Granadinos en los cruceros de 1912

Proliferaron las agencias de viajes, la mayoría extranjeras, que ofrecían "ventajosos" cruceros por el Atlántico en viajes no precisamente de placer · Las travesías solían durar entre 12 y 14 días

José Luis Delgado/ Granada

30 de enero 2012 - 01:00

Están de moda los cruceros y algunos en recientes y muy tristes circunstancias; es el caso del hundimiento del Costa Concordia hace unos días o el del Titanic hace un siglo. Accidentes que en nada merman el encanto y la seguridad de los cientos de cruceros que anuncian las agencias por todo el mundo.

Corría el año 1912 y todavía sonaban los tristes ecos de la Guerra de Cuba, la pérdida de las colonias y los continuos problemas con África. Era la España de Alfonso XIII y es el año del asesinato del político liberal José Canalejas. Granada se balanceaba entre la política liberal de Juan Ramón La Chica y la conservadora de Manuel Rodríguez Acosta, seguidor de Maura. El Partido Socialista de Granada apenas estaba en pañales.

La Ley de Emigración de 1907 abrió un importante flujo migratorio de españoles hacia América, sobre todo a Brasil, Argentina y México. Emigración que afectó menos a Granada gracias al cultivo de la remolacha y a la necesidad de mano de obra para los ingenios azucareros, las obras públicas, la construcción de la Gran Vía, la aparición de los tranvías, etc.; por eso y porque descendió la mortalidad infantil, creció la población.

Sin embargo fueron muchos los españoles que se fueron. Y entre ellos también granadinos, pues sabemos que entre 1910 y 1930 salieron casi 39.000 y al olor del negocio proliferaron las "agencias de viajes", la mayoría extranjeras, que ofrecían sus ventajosos "cruceros" por el Atlántico en viajes no precisamente de placer.

Hemos entresacado algunos de los curiosos anuncios de la prensa local de aquella época.

La Compañía Austroamericana Laura anunciaba viajes rápidos a Brasil y Argentina en magníficos trasatlánticos con dos hélices y dotados de telegrafía sin hilos que aseguraba la comunicación con tierra durante todo el viaje. Salían del puerto de Almería y hacían escala en Las Palmas, Río de Janeiro, Santos y Montevideo.

Los viajes solían durar entre 12 y 14 días. Así lo anunciaba la empresa Juan Carrara e Hijos, que tenía su sede en Gibraltar y ofrecía los espléndidos paquebotes italianos Toscana y Garibaldi. El precio en tercera clase era de 175 pesetas. Pero garantizaba trato inmejorable, alumbrado eléctrico, pan, carne fresca y vino; además, médico, servicio de enfermería y medicinas gratis; y el último grito de las comunicaciones: el telégrafo Marconi. Los granadinos interesados habrían de dirigirse a la calle San Jacinto, 14.

Compañías Hamburguesas ofrecía viajes rápidos en los afamados vapores correo Santa Rita y Santa Fe con salidas desde Cádiz a Cuba y Méjico. Se aseguraban cocineros y camareros españoles y comidas condimentadas a la española, buenas y abundantes, con vino y pan fresco. Se pedía, además de la cédula de identificación personal, un certificado del Juez Municipal acreditando no estar sujeto el pasajero a procesamiento ni condena. Buena conducta, para entendernos.

Algunas compañías se anunciaban ofreciendo los últimos adelantos para hacer más confortable el "crucero": ventiladores y caloríferos eléctricos, timbres, aparatos de desinfección, camas de hierro y telegrafía sin hilos.

Otras, como la Compañía Trasatlántica de Barcelona, que tenía líneas a Cuba, Méjico, Filipinas y Fernando Poo, hacían rebajas especiales para las familias y para los pasajes de ida y vuelta; y aseguraban precios muy convenientes para los camarotes de lujo. Esta compañía tenía su sede en Granada en la casa de Manuel Espejo, calle San José Baja, 29.

De todo esto hace exactamente un siglo; ni eran viajes de turismo ni los pagaba el Imserso; y ya se asombraban nuestros bisabuelos emigrantes al atravesar el Atlántico de cabo a golfo en "lujosos cruceros" y en tan sólo 14 días desde Almería a Buenos Aires. Si Cristóbal Colón levantara la cabeza…

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