Impresoras 3D: Gutenberg 2.0

Una modalidad de la fabricación digital, cuyos orígenes se remontan a 1986, avanza en Granada de la mano de empresas privadas como Createc 3D, que se nutren en parte de encargos del mundo académico

Impresoras 3D: Gutenberg 2.0
Impresoras 3D: Gutenberg 2.0
Belén Rico Granada

08 de marzo 2015 - 01:00

Las aplicaciones de las impresoras 3D son inimaginables aún según los especialistas, pero los usuarios ya van ideando sorprendentes salidas para las utilidades domésticas que ya ofrecen. Si el universo de los jóvenes aficionados a la ciencia ficción y la fantasía descubrió pronto que esta técnica era ideal para reproducir sus figuras favoritas de series, cómic, libros o películas como La guerra de la galaxias o El señor de los anillos, una granadina de ochenta años ha descubierto que la impresión en 3D es ideal para crear figuras de sus estampas de santos favoritas. Es una de las clientas de Createc 3D, un negocio de jóvenes emprendedores que es pionero en esta técnica en Granada.

En mayo de 2013 las televisiones de medio mundo -las españolas entre ellas- se hicieron eco de una noticia que contaba que un estudiante norteamericano de 25 años había sido capaz de fabricarse una pistola con una impresora 3D. Hace más de año y medio, pero los telediarios han vuelto a llenar su sección de reportajes llamativos con esta tecnología. La ocasión más reciente, hace menos de dos meses, contaba cómo comenzaban a circular los primeros coches construidos con estos novedosos artilugios. Las leyendas urbanas que han surgido alrededor de esta modalidad de la fabricación digital son muchas, pero mientras en Granada ya hay bastantes particulares y empresas que trabajan apoyándose en ella. Los jóvenes emprendedores, que conocen el proceso y sus resultados, ayudan a explicar los pormenores de esta peculiar tecnología, porque los especialistas coinciden en señalar que la impresión 3D será una de las disciplinas con mayor desarrollo en un futuro próximo.

Una de las razones que hacen pensar que se cumplirá este vaticinio es el abaratamiento de la tecnología, porque muchas rondan los 500 euros. Prueba de ellos es que empresas como Createc 3D buscan popularizar la técnica y que dentro de unos años haya impresoras 3D en los hogares, al igual que hoy las hay de papel.

Con sede en la calle Ángel Barrios, el grupo de jóvenes se lanzó a la aventura para difundir la técnica hace año y medio. José María Torralba, de 33 años, neuropsicólogo, y Juan Robles, un arquitecto de 35, son el origen de este proyecto al que luego se sumaron Débora Rubio Gutiérrez, politóloga; Irene Muñoz, una diplomada en Turismo de 24; y Francisco Javier Mendoza, técnico de desarrollo de productos tecnológicos de 23 años.

La mayoría , aunque no todos, eran aficionados a la informática y aunque sus formaciones sean muy dispares y se han instruido en la materia a través de internet y del boca a boca, que es el modelo que ellos tratan de seguir difundiendo.

Por eso la empresa ofrece talleres de formación donde los participantes tienen la posibilidad de aprender a fabricar sus propias impresoras y tenerlas en casa en solo dos días. Se trata de práctica y teoría a la vez, porque se va enseñando mientras se monta la impresora. El taller, que incluye todas las piezas y del que el cliente sale con la impresora montada, tiene un coste 795 euros. También dan formación sobre cómo usar y calibrar la impresora para que puedan arreglarlas ellos mismos. Con esta labor quieren evitar que se cree una nueva brecha digital. Por este motivo existe también una comunidad muy activa en internet, en donde hay muchas páginas web con consejos y repositorios con diseños gratuitos en 3D que pueden descargarse los usuarios como los bancos de imágenes que utilizan los diseñadores gráficos.

En su sede, estos emprendedores ofrecen la impresión de diseños realizados por distintos programas de ordenador que ellos mismos realizan. "Si el cliente viene con su diseño, paga la pieza al peso. Si no sabe hacerlo, Juan se la puede diseñar y este proceso se paga por tiempo", dice Torralba, quien detalla que el precio es 25 céntimos por gramo y 30 euros la hora de diseño. Así, una pieza pequeña, de adorno o para arreglar un aparato, puede salir sólo por unos 3,5 euros. "Aunque el precio depende mucho. Varía si está hueca o no", cuenta.

También venden los consumibles necesarios para quien tenga uno de estos artilugios en casa, piezas de los mismos e impresoras completas, que pueden adquirirse por 380 o 479 euros modelos tipo Prusa I3 Steel. Sin embargo, una de las impresoras profesionales que se utilizan en fabricación industrial pueden alcanzar hasta los 150.000 euros.

Hay muchos que lo utilizan para sus hobbies, pero los jóvenes están convencidos de que en unos años la gente las utilizarán para cosas domésticas. "Por ejemplo, si se te rompe una taza, te haces otra igual en el momento", dice Torralba.

Por ahora, los que más utilizan esta técnica son los jóvenes estudiantes de Arquitectura, y también los de ingeniería, los profesionales que más aplicaciones encontrarán en el futuro para su ejercicio profesional. "Tenemos un contrato con la Universidad de Granada para realizar maquetas para arquitectos y también con Biología, para el desarrollo tecnológico", cuenta el neuropsicólogo, que también utiliza robot fabricados con esta técnica en sus prácticas profesionales.

Pero esas no son las únicas utilidades. También pueden usarlas los artistas para escanear una pieza en distintas escalas. Además, las impresoras en 3D profesionales tienen mucho interés para disciplinas como la aeronáutica, donde lo importante es reducir el peso de las piezas, o la medicina u odontología, donde tiene mucho interés para producir prótesis. "Hace poco contactó con nosotros el tío de un niño al que le faltaban los dedos de una y hemos creado un prototipo. También tenemos entre nuestros clientes un médico que nos pide que le hagamos réplicas de cráneos", señala Torralba.

Pero no todo son ventajas. Según los investigadores, a pesar de la precisión y la capacidad de obtener piezas muy complejas, existen inconvenientes, como la escasa diversidad de materiales: principalmente, se trabaja con polímeros (plástico) y metal. También se plantean todavía ciertos problemas de resistencia en las impresoras que trabajan con metal, debido a la porosidad del resultado. Además hay que tener en cuenta el tiempo de fabricación, que en función del tamaño y la dificultad del objeto puede ir desde varias horas a varios días, lo que influye en la capacidad de producción. Ahora mismo es rentable para series pequeñas. De hecho, nació como una forma de hacer prototipos, pero para grandes tiradas es más barato el fundido o el trabajo mecanizado.

Al ser una técnica en plena ebullición, las posibilidades son casi infinitas y, por ello, pueden ser algo extrañas, aunque ya está al alcance de cualquiera construir los objetos de decoración de la casa, diseñar complementos o reconstruir piezas de electrodomésticos que se han roto.

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