De la creación de un centro "vivo y dinámico" a una entidad insolvente

La Fundación Saramago se gestó en 2001 y su fin llegó a raíz de la polémica con las cuentas

Imagen del acto de constitución del Centro Saramago en Castril, con la presencia del autor.
Imagen del acto de constitución del Centro Saramago en Castril, con la presencia del autor. / G. H.
Noelia Gómez Mira

29 de octubre 2018 - 02:34

Granada/A finales del año 2001, el que fuera alcalde de Castril, el socialista Juan José López Ródenas -alias Juan Mar- comenzó a buscar a poyos entre personalidades del mundo de la cultura y las instituciones granadinas para impulsar el proyecto de creación de un centro dedicado al novelista portugués y premio Nobel de Literatura, José Saramago. El escritor tenía una gran vinculación con el municipio ya que era el pueblo natal de su esposa, la periodista Pilar del Río.

No fue hasta dos años después, en 2003, cuando el propio Saramago, en una visita a Castril, confirmó su apoyo a esta iniciativa para que actuase como "motor de desarrollo cultural de la zona".

En 2011, se 'borra' la Biblioteca Saramago y se convierte en sede de un Coro Rociero

En febrero del año siguiente, la Fundación Saramago se constituyó jurídicamente en un acto al que asistió el presidente de honor (el propio escritor), el alcalde de Castril, así como el entonces presidente de la Diputación Provincial, Antonio Martínez Caler, y la vicerrectora de Extensión Universitaria de la UGR, María José Osorio, instituciones que también conformaban la entidad. Sin embargo, tres años después nació una segunda fundación con el nombre del novelista en Lisboa.

A la par, el arquitecto portugués Álvaro Siza recibió el encargo de elaborar el proyecto de un edificio para albergar la Fundación. El nuevo Centro José Saramago tendría un presupuesto de 1,8 millones de euros para su ejecución, sin embargo, tras años de parones se decidió en 2007 encargar la sede al arquitecto de la Diputación Jorge Suso. Pero ni uno ni otro pudieron ejecutarlo, y el proyecto acabó en un cajón.

Ese mismo año, Castril acogió la boda de Saramago con Pilar del Río, una celebración que, tres años después destapó la polémica: la Diputación, entonces gobernada por el PP, denunció la existencia de unas facturas pendientes en el seno de la Fundación por valor de 9.000 euros, un gasto que relacionaron con el banquete de bodas del novelista.

Desde las institución provincial se exigió a la gerencia de la Fundación información de las cuentas, algo que según indicaron los responsables de entonces el ente provincial, nunca sucedió y obligó a que se retirara la partida de 40.000 euros anuales que se destinaba a la Fundación.

Además, el interrogante puesto sobre la factura, provocó el enfado de Pilar del Río que, un año después del fallecimiento de su marido -murió en 2010-, decidió cortar su vinculación con la Fundación y pidió un cambio de nombre, para que dejase de llevar el nombre de Saramago: a través de una carta emitida en diciembre de 2011, Del Río sentenció que la "única Fundación Saramago" era la de Lisboa.

Previa a esta petición, en octubre, Miguel Pérez -al igual que ahora, por entonces también era regidor de Castril tras alcanzar la Alcaldía en las municipales de 2011- inauguró la sede de la Escuela de Música y Coro Rociero de la localidad. Lo hizo con una placa en la fachada del centro cultural, borrando la inscripción que hasta entonces rezaba como Biblioteca José Saramago. Un hecho que no hizo más que alimentar aún más la mecha de la polémica.

En febrero de 2012, el Patronato de la Fundación José Saramago de Castril acordó el cese de quien hasta entonces había sido su gerente, López Ródenas, y se hizo cargo de la misma Andrés López, concejal de Innovación y Tecnología de Castril. Además, en esa reunión se fijaron "nuevas medidas" como la limitación del acceso a fondos económicos del gerente, que necesitaría de una autorización del Comité Ejecutivo para disponer de una partida superior a 3.000 euros.

Los problemas de liquidez del centro comenzaron a aumentar, hasta que la Fundación llegó a ser insolvente. Dos años después, se abrió la investigación para esclarecer el "oscurantismo" en las cuentas que se había llevado a cabo a cabo por la gerencia anterior, causa que hoy continúa abierta.

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