Corán y tragaperras

Federico Vaz

04 de junio 2008 - 05:00

Rayda Jacobs es una exitosa novelista cuyos best sellers son escasamente conocidos fuera de Sudáfrica y que se ha lanzado a la aventura de adaptar al cine -en este caso vídeo de baja resolución-, dirigir y protagonizar una de sus novelas. Y hay que decir que sólo del tercero de esos retos sale airosa, pues es convincente y llena de matices su interpretación de Abbeda, mujer madura creyente y cumplidora de los preceptos del Islam que, tras ver morir a uno de sus hijos enfermo de sida, descubre el mundo de los casinos y las tragaperras y se convierte en una ludópata que toma el camino de la autodestrucción dañando también las relaciones con quienes la rodean. Pero aparte de las buenas interpretaciones la única aportación de interés de este melodrama casi televisivo es de tipo antropológico: Darnos a conocer la para nosotros ignota comunidad musulmana de origen malayo de Ciudad del Cabo. Jacobs tiene éxito en lo descriptivo, pues minuciosamente nos muestra los ritos, las contradicciones y hasta las transgresiones de unos musulmanes muy peculiares. Le interesa derribar falsos estereotipos que igualan a la mujer en la cultura islámica con las semiesclavas de Afganistán o Sudán. Las que aquí vemos son buenas creyentes que fuman, se tiñen el pelo, conducen y son infieles a sus maridos.

Cuando la directora muestra una sura del Corán en la que el Profeta condena el vino y el juego transgrede todas las barreras de lo explícito, no puede dejar más claras sus intenciones moralizantes y tremendamente conservadoras. Es pueril la contraposición de luces y colores mareantes y cámara inquieta en el casino frente a la calma y la serenidad de la mezquita. Y qué decir de la moraleja. El juego atrae la desgracia y te aleja de Dios, es la enseñanza de catecismo que nos pretende hacer tragar la autora, pero cuando todo se derrumbe siempre se puede recurrir al compasivo imán. Pues que bien. La comprensión que muestra hacia la homosexualidad en una comunidad tan homófoba apenas oculta el tufillo reaccionario de Confessions of a Gambler, que podrá ser muy útil como material didáctico en cursos de rehabilitación de ludópatas o en mezquitas progres pero no cumple los mínimos exigibles en la selección oficial de un festival internacional.

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