El arte de ser payaso y persona a la vez

artes escénicas

Piero Partigianoni imparte por sexto año consecutivo los cursos de 'clown' en la Escuela de Circo Itinerante de Granada:"Tenemos el deber social de contar historias sobre la humanidad"

El 'clown' italiano posa junto a su inseparable maleta.
El 'clown' italiano posa junto a su inseparable maleta. / Carlos Gil
Isabel Vargas

08 de septiembre 2017 - 09:10

Granada/Piero Partigianoni vio actuar por primera vez a un payaso cuando tenía siete años. Estaba con su tía de vacaciones en la Toscana, donde había parado por casualidad el famoso circo francés Bidon. "Mientras el clown estaba actuando nos encontramos con la mirada, me levanté y fui a abrazarlo. Me había conmovido", reconoce. El azar quiso -de nuevo- que se encontraran dos décadas después. Aquel niño, ya convertido en artista que apuntaba maneras, coincidió con el clown en un curso de taichí en Roma. "Había un señor mayor que necesitaba un lugar donde hospedarse y me ofrecí", explica. Resultó ser aquel hombre con nariz roja y expresión quebrada. "Me regaló un libro sobre el circo Bidon y me contó la historia de un niño en la Toscana que le agarró su pierna. ¡Era yo! Todas las señales me indicaban que iba por el buen camino del clown", narra entusiasmado.

El artista italiano fijó su residencia en esta ciudad hace seis años, los mismos que lleva a cargo de la Escuela de Circo Itinerante de Granada junto a Natalia Calles. En ella, con sede en la Escuela Pública de Formación Cultural de Andalucía, se dedica a dar cursos de clown. "Mi sueño es poder ampliarlos a nueve meses, como un curso escolar", reconoce en mitad de la entrevista donde muestra gran entusiasmo por su profesión -la de clown-, el compromiso férreo que tiene con la vida y una sonrisa de oreja a oreja. Los interesados en apuntarse, detalla, "no tienen porque acreditar formación académica", aunque recomienda que hayan hecho algo de teatro, y pueden informarse pinchando en en www.juntadeandalucia.es/cultura/redportales/formacion-cultural/etiquetas/clown.

"Para ser un buen 'clown' no se debe tener miedo de arriesgar, ni de ser uno mismo", aconseja

Partigianoni lleva metido en el mundo del teatro desde pequeñito. "Mi familia no tiene nada que ver con el arte, pero tenía una maestra maravillosa en la escuela. No sé que vio en mí. Pensaba que yo tenía que ser un actor. Me llevaba clase por clase a leer poemas, textos de cualquier cosa", explica de carrerilla, como si llevara toda la vida esperando a contarlo. Su familia, de clase trabajadora, no dudó un momento en apoyarlo en cuanto decidió dedicarse a las artes escénicas. Marchó a Roma y se matriculó en la Escuela Internacional de Teatro de Roma Circo a vapore, especializada en teatro físico y contemporáneo. "Tuve que trabajar duro para poder costeármelo. Eran 4.000 euros anuales", admite. Al acabar pasó a engrosar las filas del teatro de la escuela, y tras esta aventura no tardó en trabajar con las compañías y circos como Ondadurto Teatro, Living Theater, Circo al Vento y Circo Sguilibrato. También se curtió como actor de reparto en las óperas La flauta mágica y La bohème, dirigidas por Armin Heinemann. Sin embargo, la profesión de actor no terminaba de convencerle. "Era un personaje. Estábamos actuando. No estaba contando nada de mí al mundo. El arte tiene un deber social de contar historias, historias sobre la humanidad", reivindica.

Tras el encuentro con el clown de su infancia, pasa un verano girando con un espectáculo en un velero y se marcha a Ibiza a mediados de 2008. El motivo: ingresar en un curso de clown impartido por Eric de Bont. "No hablaba nada de inglés, ni de español. Así que no tenía como comunicarme directamente con él", rememora entre risas. Los dos meses acabaron siendo cuatro años. "Montaba focos, limpiaba baños, ayudándole en las clases", reconoce humilde. De vez en cuando se escapaba a otros ciudades para recibir los consejos de profesionales del clown como Costanino Pucci, Boris Ruge, Francesco Gigliok, Didier Gallot Lavalle, Emmanuell Gallot Lavalle e Isaac Álvarez.

¿Payaso, clown? "Prefiero clown porque hablo de universalidad del ser humano a través de la gestualidad, el humor y la emoción. Mi escuela, nuestra filosofía, se distingue de muchas porque no enfoca la atención en la comicidad del clown", explica. Durante los cursos, se trabaja mucho desde uno mismo. "Le pregunto a los alumnos qué quieren contar al mundo, qué le inquietan. No trabajamos la técnica, trabajamos la búsqueda del clow", advierte. Los únicos requisitos para apuntarse es ser adulto. "Pido que tenga un mínimo de formación de teatro, pero ha llegado gente sin formación y ha hecho un espectáculo maravilloso", reconoce sin despeinarse. Tampoco hay reglas como tal. "Nada está bien, ni nada está mal, son sólo experiencias", reflexiona.

Para el artista, el payaso "no sólo debe hacer reír, también debe tocar el corazón de la gente y esto lo hace a través de la tragedia humana en clave de clown. El clown es mostrarse, es hacer que la gente se ríe de ella misma y no les apunta a las personas diciéndole que hace algo mas. Le muestra un espejo de la sociedad". Tampoco hay una única manera de serlo. "No sólo hay fijarse en las maneras de Charles Chaplin o de Charlie Cairoli. Hay clown como personas. La historia es no juzgarse a sí mismo, no tener miedo de arriesgar, de decir esta es mi manera de serlo", aconseja. En seguida le preguntó si es complicado desde el humor hablar de un drama, una tragedia, sin parecer algo grotesco. "Hay que tener mucha sensibilidad", responde mientras ríe levemente. El arte de ser payaso y persona a la vez es algo muy serio. "Pero se puede tomarse esto en serio sin perder las ganas de jugar", señala. Las ganas de Pierto son infinitas.

Maracena acoge el estreno de 'Welcome, en el cielo no hay fronteras'

La compañía Immaginario Teatro, formado por el artista italiano y la bailarina y actriz Natalia Calles, presenta el 23 de septiembre su primer espectáculo en sala. Welcome, en el cielo no hay fronteras, explica Partigianoni, "es un montaje que habla de inmigración, de abuso de poder, pero sobre de seres humanos". La sinopsis por momentos le recuerda al espectador el drama de los refugiados, tan de actualidad hoy día: "Una peculiar vagabunda sin tierra, sin paisaje, sin patria, en busca de un lugar donde sea bienvenida. Como casa lleva una maleta y como equipaje una pregunta: "¿Welcome?". La acción sitúa a dos personajes en un parque. La sin techo ya nombrada y un barrendero que, adelante el artista, "se cree el sheriff del parque porque lleva un uniforme y ocupa un cargo". "El encuentro es terrible. El barrendero quiere sacarla de allí. Sin embargo, a pesar de la poca humanidad, el barrendero tiene un sueño: volar. Su trabajo, su uniforme, su autopoder le hace tener los pies en la tierra. La vagabunda posee algo maravilloso: sabe volar haciendo acrobacia aérea. Alguien que aparentemente sólo es una molestia, alguien sucio que no nos gusta, sabe hacer lo que tu sueñas", explica. La conclusión que se extrae de la obra -premiado en varias ocasiones-, dice Piero, es que "todos necesitamos ser queridos y encontrar un sitio donde sentirnos como en nuestro hogar".

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