Lo que el diccionario esconde

José María Pérez Zúñiga presenta esta tarde en la Librería Picasso 'Miradas nuevas por agujeros viejos', donde revitaliza y reinventa el diccionario de la Real Academia de la Lengua

El escritor José María Pérez Zúñiga.
El escritor José María Pérez Zúñiga.
G. Cappa Granada

19 de febrero 2014 - 05:00

Miradas nuevas por agujeros viejos (Páginas de Espuma) es "una caja de píldoras para pensar, reírse, sufrir, sentir alegría, dolor o esperanza; incluso para emborracharse de literatura, llegado el caso". El autor, José María Pérez Zúñiga, ha transformado el vetusto diccionario de la RAE en un libro de cuentos repleto de frases sentenciosos y aforismos. Para definir amor, por ejemplo, utiliza una frase que se la podría robar algún cantautor de éxito: "Era el anuncio de una barra de labios". "Pero descuide, que esta lectura, creo, no perjudica la salud", advierte el autor madrileño que ha estado vinculado a Granada desde la adolescencia. Sin embargo, cuando define la palabra escritorio, habla de un hombre que inicia un diario en el que va apuntando algunas certezas (...) Le parecen llamas. Y sigues escribiendo. Y se transforma. Hasta que se consume en una llamada", escribe Pérez Zúñiga sobre la combustión creativa que le ha supuesto Miradas nuevas por agujeros nuevos. "Pero nunca podemos mirarnos a nosotros mismos, ni siquiera cuando nos contemplamos en un espejo, desde donde nos mira nuestro doble, o nuestro revés. Pero la gracia de ser una persona es precisamente que vemos gracias a los demás. Me gusta mirarme a través de las personas, especialmente a través de mi familia, de mis amigos, de la gente a la que quiero", explica el autor, que presenta esta tarde su libro en la Librería Picasso de Obispo Hurtado(19:30 horas).

Aunque el libro trata de cuentos y aforismos, hay incluso alguna pieza poética y algún microensayo. Según el escritor, "todas las piezas tienen, de un modo u otro, una estructura narrativa, independientemente del género. Lo que me preocupaba era que tuvieran en común la intensidad y la brevedad, que cada pieza golpease al lector de alguna forma. Así, los golpes son de risa, morales, violentos… Hay cuentos negros y cuentos eróticos, conviven la filosofía con el realismo y la fantasía y algún poema en prosa", comenta sobre una obra que ofrece lecturas para cada situación y cada estado de ánimo, "pero creo que todas las piezas tienen en común una visión algo inquietante del mundo, también hay un aspecto lúdico".

Respecto al ejercicio de instrospección que le ha supuesto el libro, Pérez Zúñiga asume la palabra egocéntrico como algo común y casi necesario en el oficio de escritor. "La mayoría lo somos", apunta. "Nuestra manera natural de estar en el mundo es contar cuentos, escribir sobre lo que nos sucede, que no siempre es verdad hasta que no lo escribimos, al menos. Decimos que escribimos sólo para nosotros, sin pensar en el lector y todas esas tonterías, pero sin los lectores no existiríamos", comenta sobre un libro que incluso novela experiencias propias, como cuando le hackearon su web después de escribir un artículo en favor del juez Garzón. "Hace falta un ejercicio de egocentrismo y vanidad para pedirles a los lectores que dediquen una parte de su tiempo limitado y precioso a leernos. Así que sí, hay que ser egocéntrico y vanidoso para ser escritor, estar convencido de tener algo que decir", afirma.

Pero el libro también es hijo de su tiempo y consigue fijar nuevas acepciones para palabras como parlamento: "Junta general de accionistas del capital democráticamente constituida por la ceguera reinante. De ahí el conocido principio del Derecho en el que se sustenta la soberanía popular; ojos que no ven, corazón que no siente". Más gráfico se muestra todavía cuando llega la página de la 'w' y la nueva acepción de water: "Donde confluyen las políticas".

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