"Mi madre nunca me regaló un rosario"

La artista de 87 años sigue fiel a los escenarios y esta noche actúa por primera vez en el del Auditorio Manuel de Falla con un repaso a sus éxitos de siempre como 'Amarraditos' o 'La flor de la canela'

María Dolores Pradera, asidua al escenario a sus 87 años.
María Dolores Pradera, asidua al escenario a sus 87 años.
G. Cappa / Granada

14 de enero 2012 - 05:00

Vivió parte de su juventud en Granada, con su hermano, uno de los ingenieros que construyeron el pantano del Cubillas. Y conoce la ciudad al dedillo. Por eso, cuando le hablan de que se pretende poner un ascensor a la Alhambra, habla con esa ironía calmada que, quien no la conoce, tarda un par de segundos en captar: "Con la edad que tengo me conviene bastante". Esta noche actúa en el Auditorio Manuel de Falla con su espectáculo Homenaje, toda una vida, en el que interpreta gran parte de sus éxitos de siempre, como La flor de la canela o El rosario de mi madre.

-A estas alturas no seguirá en el escenario para pagar la hipoteca...

-Para pagar el piso no, pero tengo mucha gente que depende de mí... Pero sobre todo porque me gusta, acabo de estar en el Palau pero nunca he cantado en el Auditorio Manuel de Falla. He actuado muchas veces en el Paseo de los Tristes. Desde muy joven he estado en esta ciudad.

-Por cierto que sigue pendiente su disco con las canciones que Federico García Lorca recopiló y armonizó.

-Lo tengo pendiente, pero es que las casas de discos casi ni existen. Es una pena, pero lo grabaré antes de irme con Federico, porque si lo grabo después va a ser muy raro... Son canciones que yo conocía de niña porque fui a un colegio muy moderno y liberal de la Escuela de Libre Enseñanza.

-Después de tantos años cantando temas como 'La flor de la canela' o 'Amarraditos' debe ser de las pocas cantantes que no utilizan el pronter.

-No, pero también he incorporado al repertorio cosas que nunca había cantado. Para el concierto he preparado una canción que solo canto cuando voy a Granada, la Habanera imposible de Carlos Cano. Le puso Habanera imposible porque las habaneras vienen por mar y eso es imposible en Granada, una ciudad en la que hasta los ríos van por dentro de la tierra.

-Escuchando 'La reina del blues', de Carlos Cano, parece otra canción que se ajusta perfectamente a su forma de ser en el escenario.

-Pues le voy a echar el ojito. Voy a hacer un disco de canción española con el repertorio de la Piquer, de Imperio Argentina...

-Con su pasado como actriz, ¿cree que la definición que mejor se ajusta a usted es la de intérprete?

-Bueno me llaman de todas maneras, actriz-cantante... Pero normalmente me suelen llamar María Dolores, sin más. Intento ser cercana, jamás he tenido un problema con ningún admirador. Me han pasado, eso sí, cosas muy curiosas. Una vez estaba en Colombia actuando con Los Gemelos, que eran más o menos de mi misma edad, y me preguntaron si no tenía más hijos. Le respondí que tenía quintillizos, pero sólo estos gemelos.

-Cantó usted en el mítico Alazán, ¿cómo era ese batiburrillo de intelectuales y señoritos canallas?

-Cuando yo cantaba era el sitio más exclusivo que había en Madrid, había incluso un rincón con libros y unos sillones de cuero ingleses muy elegantes. Cuando murió el dueño cambió de manos y trajo a unas señoritas de alterne. Yo, que era muy joven, pensaba que eran de alterne porque venían un día sí y otro no. No volví a cantar allí porque no era mi sitio, pero guardo un gran recuerdo porque venía gente como Paco Rabal, Camilo José Cela...

-Hablando de amigos, ¿qué anécdota le piden siempre que cuente cuando se incorpora alguien nuevo a la tertulia?

-Soy también muy amiga de Ana Belén y Víctor Manuel, Rosa León, Joaquín Sabina... Una muy divertida me pasó con un taxista, una anécdota maravillosa. Tomé un taxi y al llegar se volvió el conductor y me dijo: "¿Es usted María Dolores Pradera? Es el ídolo de mis hijas, la adoran". Yo le respondí que muchas gracias y le cambió el gesto. "¡Pero en cambio yo no puedo soportarla, es que no la aguanto!". Yo regalé una 'propinaza', claro, porque además estaba convencida de que no tenía hijas. Eso sí, mi madre se enfadó mucho y quería buscar al taxista.

-¿Los cincuenta eran tan grises como parece en las novelas y en las declaraciones de escritores y poetas?

-La verdad es que no, nos reíamos, quedábamos en el Café Gijón, pasábamos horas hablando de teatro... Habían de todo, como ahora, como siempre. Lo que pasa es que acababa de haber una guerra que dejó una huella tremenda en la gente, en los edificios... Había de todo, también alegría, y los jóvenes siempre tienen ganas de vivir, de creer en el futuro... Yo creo que es más triste ahora por la falta de trabajo.

-Con la actualidad del país, ¿está indignada o simplemente escéptica?

-Estoy un poco lejos de las cosas, pienso mucho, me entristezco por el drama de la falta de trabajo, lo peor que te puede pasar porque el trabajo te llena la vida, te llena el tiempo. No me consuela que sea una crisis mundial. Me gusta Latinoamérica porque lo arreglan todo cantando.

-¿Sabe usted cuánto cuesta una entrada para su concierto?

-No, lo lleva todo mi representante y mi hijo, que aunque es galerista de arte me acompaña todos los fines de semana a los conciertos. También viaja mi nuera.

-¿No desiste después de tanto tiempo de que le devuelvan el rosario de su madre?

-Es que me lo han devuelto ya. Pero luego nos dimos cuenta de que mi madre nunca me había regalado un rosario. Tengo una colección fantástica de rosarios preciosos que me mandan.

-¿Qué ve desde el escenario?

-Público de todas las edades, gente joven que seguro piensa: "Vamos a verla antes de que se muera". No me gustaría vivir tanto como Francisco Ayala. Me encanta el escenario, viajar de vez en cuando, pero creo que es más romántico no vivir tanto. No se puede imaginar cuánta gente he perdido, pero como creo en otra vida espero que estén todos esperándome.

-¿Qué les cantará cuando les vea?

-Pues no sé si allí estará permitido cantar, a lo mejor está prohibido como en las tabernas antiguas.

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