May R. Ayamonte regresa a las librerías para explorar el exorcismo del Albaicín
La autora publica ‘Lo que oculta la noche’, en la que recupera uno de los sucesos que más han dado que hablar en los últimos años en la capital
El exorcista chapucero

Granada/Entre las callejuelas y rincones del Albaicín se esconde uno de los episodios más inquietantes que ocurrieron en la España de finales de siglo. El 31 de enero de 1990 ingresaba en el Ruiz de Alda una mujer moribunda y graves heridas, entre ellas, múltiples desgarraduras en la vagina y el ano, que terminaría perdiendo la vida poco después, dando inicio a una investigación que sacaría a la luz un suceso conocido como “el exorcismo del Albaicín”, que acapararía la atención de propios y extraños y que ahora, más de tres décadas después, May R. Ayamonte recupera en Lo que oculta la noche (Contraluz).
La escritora, onubense de nacimiento pero granadina de adopción –de hecho es vecina del Albaicín desde hace años– deja bien a las claras que, si bien su libro se inspira en el hecho, existen claros límites entre realidad y ficción, debido al innegable necesidad de proteger a la familia de la víctima, y pone como ejemplo la polémica de las últimas semanas con la salida de El odio.
Así, la víctima aquí se llama Dolores García, en lugar de Encarnación Guardia, nombre real, una situación que se repite con otros personajes –destacando la creación de la protagonista, la subinspectora Hatero–, pero la historia que subyace en ambos casos es prácticamente idéntica, y sobre ambas sobrevuela un mismo hecho: “no sabemos qué ocurrió en realidad”, explica la autora.
Uno de los principales problemas, relata Ayamonte, es que no se puede contar con el testimonio de la víctima, por lo que cuesta saber si realmente fue un exorcismo o, como sostiene la subinspectora en el libro, un aborto que salió mal.
Tanto Dolores como Encarnación se marcharon de sus casas –la primera a Cuba, la segunda a Francia– y tras un tiempo regresaron a Granada asegurando que tenían “la semilla del diablo dentro”, un término ambiguo que bien puede ser el eufemismo de un embarazo o la creencia de que albergaba el hijo del anticristo, algo entendible teniendo en cuenta que tanto la persona como el personaje eran muy creyentes, compartiendo la supuesta presencia de un sobrino, muerto muy joven (de nuevo con causas distintas en realidad y ficción).
De cualquier forma, la víctima junto a varios familiares y un amigo conocido como El Panadero (El Pastelero en la realidad) se reunieron en la casa de Dolores/Encarnación para practicar el supuesto exorcismo, que entre otros factores contó con la ingesta de varios kilos de sal, algo que era usado en la antigüedad para el exorcismo, “pero también como método anticonceptivo”, puntualiza la escritora, y que finalmente le costaría la vida.
Lo curioso, puesto de relieve en el libro y en los informes forenses reales, es que la víctima no presentaba heridas defensivas, lo que indica que en ningún momento trato de defenderse de lo que pasó en aquella casa, lo que la convierte en una “víctima proactiva”, como la define Ayamonte.
Esa falta de heridas defensivas sugiere que fue ella la que dirigió lo que ocurrió en la vivienda, y podría dar pie a la teoría del aborto, especialmente en una época, como se relata en el libro, donde el aborto aún era ilegal en España, más aún en un barrio como el Albaicín con un hijo que habría nacido fuera del matrimonio y de un hombre africano.
Por contra, la teoría del exorcismo coge fuerza en hechos como que las imágenes que se tomaron durante la autopsia del cadáver nunca salieron, al igual que no se imprimían los informes, algo que se refleja en la novela, pero también en el libro que publicó el forense del caso (El exorcismo del Albaicín, Comares, 1992) y que Ayamonte usó como referencia para Lo que oculta la noche.
El siguiente capítulo de esta historia tuvo lugar en marzo de 1992, cuando fueron juzgados los hechos en los juzgados de Plaza Nueva. Aquellos días, los alrededores de la Real Chancillería estaban a rebosar, como recuerda César Girón, otro de los escritores que han rescatado el suceso en los últimos años, para ver entrar a los acusados que llevaban desde el crimen en prisión y que finalmente fueron condenados a entre cinco y dos años y medio por los delitos de lesiones e imprudencia temeraria. La sentencia no fue recurrida, indica Girón en Granada Dossier negro (Almuzara).
Ese texto judicial, junto a los informes forenses y los ríos de tinta que derrocharon los medios de la época, dejan plasmada la versión oficial, pero frente a ella, Ayamonte propone una distinta, que indaga otros motivos sobre lo que pudo ocurrir en aquella noche de invierno granadino en 1990.
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