Federico Vaz

Segunda muerte en tren

El que apaga la luz

12 de julio 2010 - 01:00

NOS manifestamos por las autovías, exigimos el AVE cuanto antes. ¿A qué tantas prisas? Por querer llegar antes se nos olvida llegar. Soñando con trenes bala pasa desapercibida la segunda muerte del tren de siempre. Igual que hace treinta años, estamos a punto de asistir a un nuevo desmantelamiento del ferrocarril convencional en toda España, un recorte que también afecta a Granada. El Ministerio de Fomento ha iniciado el proceso para cancelar servicios ferroviarios, hasta 31 líneas de media distancia y largo recorrido. Según José Blanco, el Gobierno ha de suprimir servicios con pocos usuarios dado que su mantenimiento absorbe muchos recursos que no caen del cielo. Esos recortes incluyen líneas deficitarias -la Granada-Linares Baeza, con ocho mil pasajeros al año, 12'5% de ocupación y 540.000 euros en pérdidas-, pero también otras sin pérdidas, como la línea Málaga-Granada-Barcelona, que alcanza el 53% de ocupación y transporta a 98.600 viajeros.

Siempre que se pone la rentabilidad por encima del servicio público, Europa está de por medio. Bruselas obliga a definir el concepto de prestaciones públicas con el objetivo de reducir las subvenciones estatales. Sin apoyo financiero del Estado, las pérdidas de explotación de Renfe agotarían sus recursos en poco más de cuatro años. Desde el punto de vista puramente económico no se justifica mantener trazados que generan pérdidas de 34 millones de euros, pero se suponía que el Estado social debe garantizar el interés general como criterio prevalente. Las líneas condenadas a muerte tienen paradas intermedias en núcleos sin las alternativas de las capitales. Son pueblos envejecidos y, por tanto, con muchos usuarios dependientes del transporte público. Además la desaparición del tren en zonas como la Ruta de la Plata es una pérdida patrimonial y cultural inmensa. Y desde el punto de vista ambiental, las autovías y la alta velocidad son depredadores de suelo, mientras el tren convencional es mucho más sostenible, aunque de esto sólo los vascos parecen haberse dado cuenta.

Toca pasar la guadaña a los gastos en función de su eficiencia y ahora es el turno de los servicios públicos deficitarios. Con el tren de nuevo se impone la miopía. Hace tres décadas los gobiernos optaron por primar al vehículo privado llenando el país de autovías y dando el primer golpe mortal al tren. El cierre de la comunicación de Granada con el Levante por Guadix o la renuncia a comunicar Andalucía con Portugal por tren fueron errores garrafales. Hoy, pese a tanta palabrería sobre la sostenibilidad seguimos anclados en el desarrollismo de entonces. Eso sí, cuando desaparezcan las viejas líneas de ferrocarril nos mostrarán orgullosos las "vías verdes" que dejarán en el lugar por donde pasaban las vías. El tren ha muerto, ¡viva el senderismo!

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