
La esquina
José Aguilar
Montero intensa...
La ciudad y los días
Te sirven una hamburguesa cofrade “con bacon crujiente ahumado al incienso de pasión y una santa mayonesa con toques cítricos acompañada de una reducción de torrija” en una cajita que simula un paso. Pues muy bien. Nada que objetar. Estamos en lo que estamos. Si para muchos, quizás para la mayoría, las filigranas de quienes van bajo el paso y tras él tienen el mismo –o incluso más– atractivo que la imagen que va sobre él, solo cabe esperar esto. O el merchandising y el uso de las redes que algunas hermandades hacen.
Escribí una vez que la Semana Santa es una ópera sagrada representada en el escenario de la ciudad. Será esto lo que pasa. ¿A quién le interesa el libreto de una ópera, la mayor parte de ellos ridículos y exagerados? Lo que atrae es el alarde vocal, la interpretación orquestal y la escenografía. La historia que se cuenta es lo de menos, un pretexto solamente. Como parece que cada vez con mayor fuerza sucede en la actual Semana Santa.
¿Es mucho exagerar partir de la anécdota o el síntoma de la hamburguesa para hacer una generalización tan seria? No lo sé. El síntoma es importante como fenómeno revelador de una enfermedad o indicio de que algo está sucediendo. Y lo de la hamburguesa cofrade es un síntoma, muy menor por supuesto. Como la oferta de bocatas cofrades que se llaman “Macarena, guapa, guapa y guapa” o “La reina del Martes Santo”. Cosas menores, síntomas sin importancia. Quizás. Pero que se suman a otros, algunos mucho más graves, hasta el punto de permitir establecer un diagnóstico. Tal vez errado o exagerado. El problema es que lo que se vive en las calles, la conversión en protagonista de lo que debe estar al servicio de la sagrada imagen, parece ir en esta misma dirección de trivialización y de inversión del orden lógico de las cosas. El marco nunca debe quitar protagonismo al cuadro, sino realzarlo.
Lo mejor de la Semana Santa es que está viva, que no es algo museístico, que va mudando conforme los tiempos mudan. Sánchez del Arco la conjugaba en presente defendiendo “la Semana Santa como es, no como fue; porque a lo que se aspira no es a una evocación historicista, ni a una memoria arqueológica, sino a una viva realidad”. Pero siempre adecuando el aparato formal a lo que se representa que, hasta donde yo sé, aunque quizás esté equivocado, es la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y todo debe ordenarse a ello, sin descentrarse.
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