
Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
Montero puede petar
La IA, como Cristo, también anda entre fogones. Teresa de Jesús solía cocinar. Leo en la Historia del Carmen Descalzo (1637): “Cuando la Santa había de hacer algún oficio con otra compañera, solía escoger a la hermana Isabel, especialmente la semana que era cocinera. Siéndolo ambas, fueron muchas las veces que vio a la Santa arrobada entre las ollas; y otra particularmente, que se le quedó friendo unos huevos con la sartén en la mano sobre la lumbre, y queriéndosela quitar no pudo, por tenerla tan apretadamente asida, y así la ayudó a sustentar, temiendo se vertiese el aceite, del cual no quedaba en aquella sazón otro en la Casa; así estuvieron ambas gran rato, hasta que volviendo de su éxtasis la Santa prosiguió en freír los huevos”. Teresa, nacida hace 500 años, pensaba que la cocina era un buen sitio para recibir la visita del Amado. Nos lo dejó escrito en sus Fundaciones: “Entended que si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior”. Sin ser yo carmelita ni propenso a los éxtasis, sí recabé la ayuda de la IA para hacerme una purrusalda. Me había quedado un poco de tomate frito del día anterior. Mi limitada inteligencia natural, me hizo temer, en mi interior –que es donde se cocinan los temores– que si añadía a los puerros, patatas, cebolla y zanahoria de la receta tradicional, ese escrúpulo de tomate, ya no me saldría una purrusalda auténtica. Se lo pregunté a Gemini –el modelo de IA de Google– y me contestó textualmente: “En algunas recetas se puede añadir tomate frito a la purrusalda para darle un sabor más intenso y un color rojizo. Sin embargo, esto no es lo genuino y puede alterar el sabor tradicional del plato”. Todo muy bien redactado y sin faltas de ortografía (que la IA no es disléxica). Pero la muy puñetera, que hasta ahora ha sido de balde, me quiere cobrar 21,99 euros al mes, si me suscribo a un nivel mucho más avanzado de conocimientos y de ayuda. Por ahora, paso. Porque la versión libre me permite fardar y aparecer enganchado a las últimas tecnologías: un jubilado proactivo, autogestor de su soledad que, para darse pisto, procura maridar siempre sus guisos con alguna reflexión profunda sobre el ser y la nada. No descarto que me salgan solo ‘peos de lumbre’. ¡Ah!, también me como todo lo que guiso, es mi penitencia.
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