Nieve iluminada

01 de abril 2025 - 03:09

Regresas del viaje a la ciudad y contemplas el atardecer de un domingo soleado con la señorial grandeza de las cumbres a lo lejos. Imposible no maravillarse del espectáculo que nos regala la realidad de nuevo. Una sierra tan nevada como su estación con tanto sol como nieve que devuelve todo a su lugar después de años extraños.

Vuelves de haber conocido todo un castillo, el de Almodóvar del Río, donde en lugar de llorar el olvido de lo rural se pusieron las pilas para convertir unas frías piedras almenadas en reclamo para la diversión a base de cetrería, batallas de espadas y romances de frontera. Chapeau. A veces constatas que hay quien es capaz de rebelarse contra la queja sempiterna de este sur de los olvidos y tira de imaginación y de los buenos ejemplos que abundan por doquier y, aún siendo marqués o conde de esos que gustan de sestear entre los olivos que un día serán su herencia, se arremangan y ponen en marcha empresas que dan ocupación y esperanza a todo un pueblo a pocos kilómetros de Córdoba, ahí al lado. La iniciativa es cosa privada porque si aquello no fuera empresa se lo habrían comido a base de sueldos con trienios las administraciones, esa nueva oligarquía.

En aquel pueblito de Córdoba encontré un buen símil para, por ejemplo, la Calahorra, esa fortaleza en mitad de ninguna parte que para visitarla tienes que esperar a que te la abra uno del pueblo si está ese día de buenas. Ya se ve que cada cual elige su destino.

Con cavilaciones así regresas a la ciudad donde la eternidad ha vuelto a tomar asiento. Constatas por un instante que la realidad puede volverse amable sin que tú hagas nada más que tomar nota de sus giros. Tu ciudad pagó sus deudas y vuelve a tener solvencia y crédito después de años y años de estar su gestión más que en tela de juicio. Buena cosa. Sanear la caja es buen comienzo. A lo mejor va a ir hasta mejor, piensas, porque a veces, algunas pocas veces, se toma el camino correcto aunque sea a palos y porque te obligan.

Esta Granada que vuelve a brillar se merece darse una oportunidad y dejar atrás tantos años de sequía de ideas y proyectos fallidos, de rencillas y zancadillas, de cainismo estéril. De sinsentido y victimismo. Porque el contemplar el atardecer con esa imponente vista de la inmensidad en un instante fue un regalo compartido que todos vimos y ante el que sólo un sentimiento de gratitud puede brotar ara ponerse a hacer algo nuevo o, mejor, algo distinto

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