La ciencia tras los jardines de la Alhambra: 'cuadros' de flores y 140.000 plantas al año
El diseño botánico se lleva a cabo seis meses antes de cada plantación, atendiendo a la época de floración y a la procedencia histórica de las especies
La Alhambra en flor...de invierno: las imágenes

Un paseo por los jardines de la Alhambra, el Generalife o sus patios. No importa la hora, lo que sí es preciso es que, en esta ocasión, la visita se produzca en torno a finales de febrero o principios de marzo. Un paso, otro y, sin más, aparecen cuadros de flores ante los ojos.
Si la museología trabaja el arte de diseñar los espacios así como el orden las obras que forman una exposición para que, además de sentido, la sala lance belleza al espectador, el Patronato de la Alhambra tiene su particular 'equipo de arte botánico'. La explicación es sencilla: sus jardines, patios y bosques son un museo al aire libre, vivo y que abre todos los días del año.
Lo que ven los visitantes al llegar son, efectivamente, "cuadros de flores, donde el jardinero pinta". Con media carga de poesía, esta es la expresión que se usa en la Alhambra para denominar a los parterres donde crecen y dan aroma y color las flores, en este caso, las de invierno.
De esta manera lo explica la paisajista y bióloga de Jardines del monumento, Amelia Garrido Campos, la persona que está detrás del diseño y planificación científica de los jardines. Digamos, la comisaria de este museo al natural.
En estas semanas, los que acuden a conocer el monumento se deleitan con la floración de invierno, plantas de unas 20 especies distintas, aproximadamente.
Jardinería medieval
La Alhambra tiene con un catálogo de casi 800 especies, aunque usan con mayor frecuencia solo 350. De estas, un tercio se usaban en época medieval, indica Amelia Garrido, por lo que el vínculo de la jardinería de la Alhambra actual con la de época nazarí es palpable en muchas partes del espacio.
140.000 plantas al año
El personal de jardines trabaja con 140.000 plantas al año, las que se pueden ver en las visitas al monumento y las que sobreproducen, indica la paisajista, por si durante la temporada se producen bajas debido a la climatología, plagas u otros factores.
En este punto cabe recordar que la Alhambra no usa herbicidas por lo que el mantenimiento, por respetuoso, es arriesgado y la precaución forma parte del mismo.
"Es un trabajo constante", incide Garrido cuando explica que parte de la planificación y del cuidado es estar pendiente de cada 'cuadro', es decir, que las distintas especies vayan floreciendo paulatinamente y no queden 'huecos' sin color.
La plantación y el cuidado de los parterres es lo antes referido por la paisajista como los 'cuadros de flores' donde los jardineros 'pintan'. El diseño, por su parte, se realiza dos veces al año, las veces que se cambian las plantas.
Seis meses antes de cada uno, la paisajista y bióloga comienza a reunirse con los jefes de equipo para dar marcha al siguiente acometimiento para el que, además, "por supuesto, también se tiene en cuenta el olor de las flores" que también está totalmene planificado, atendiendo, por ejemplo a la intensidad de los aromas.
De todo lo que se planta, completa Garrido, el 80% viene de la propia Alhambra, es decir, de sus semilleros, y el periodo medio de tiempo va de las 12 a 15 semanas desde que se planta la semilla hasta que germina.
Tan solo el 20 o 25% de las plantas son compradas por la Alhambra en viveros. Una de las ventajas de este trabajo 'desde cero' que comenta Garrido, es que, al nacer en su suelo, el ejemplar aguanta más.
La planificación
Para planificación y diseño de los espacios botánicos, Garrido tiene en cuenta dos factores: la época del año en función de las floraciones de las plantas y, una cuestión de rigor histórico: el tipo de jardín en el que se trabaje.
Explica la paisajista que en la Alhambra se siguen los siglos y estilos como patrón. Según si el jardín es medieval, renacentista o romántico, por ejemplo, las especies que lo habiten pertenecerán a esa época.
Como muestra, cita Garrido, el jardín del Patio de la Acequia es por su composición "el jardín medieval por excelencia", además de su favorito. Eso sí, existen algunas excepciones que 'dejan pasar' en la Alhambra como la que, por ejemplo, se alza en este mismo lugar.
Se trata de una preciosa buganvilla, la única especie que se sale de la 'norma' histórica del espacio al llegar de América en época renacentista.
Del diseño... al cuidado del jardín
José Carlos Ávila es el jefe del departamento de Jardines y Huertas de la Alhambra, parte del equipo encargado del cuidado y mantenimiento que se completa con 50 trabajadores para los jardines, cinco para la huerta y otros ocho para los bosques junto a tres técnicos, explica. Casi 70 personas para cubrir un recinto, no solo enorme, sino también muy especial y delicado.
Cada especie y zona tienen un mantenimiento concreto al que, por otro lado, hay que atender a diario, porque la Alhambra no cierra nunca, indica Ávila que explica que la rotación de trabajos anual está perfectamente engrasada y funciona casi de forma "mágica". Con esto quiere decir que la planificación por temporada hace que sepan exactamente el trabajo necesario para los distintos espacio y ejemplares.
El mantenimiento de algunas especies "es especialmente complejo", añade y pone como ejemplo los 7 kilómetros de Arrayán que hay en la Alhambra y que, por su crecimiento, requiere ser podado dos veces al año.
También cita el árbol Júpiter, que por su trama en "zigzag" requiere una poda "delicada y especializada", además de minuciosa y paciente, dado que hay que 'domar' la forma.
De hecho, el tipo de poda especial que se practica con esta especie en Granada es muy conocida y admirada por los profesionales de la jardinería a nivel nacional.
La "guerra diaria" contra los "pellizquitos"
El trabajo diario de casi un centenar de personas dedicadas a cuidar un elemento que "es tan Patrimonio Mundial como la propia Alhambra", los jardines, huertas y bosques, no obstante, a veces corre peligro. Ávila explica que su "guerra diaria" es con algunos visitantes de los jardines que intentan coger una flor o "llevarse un pellizquito de Arrayán" pese a existir carteles que lo prohíben.
"8.000 pellizquitos al día (número de visitantes medio que recibe el monumento) son muchos pellizquitos", advierte Ávila cuando insite en que las flores y plantas de la Alhambra hay que cuidarlos entre todos: personal y, por supuesto, visitantes, dado que el daño que puede hacerse, si se tiene en cuenta la gran cantidad de personas que pasean por las instalaciones cada día, es enorme.
La especie más preciada: "el Arrayán morisco"
Cuando a Garrido y a Ávila se les pregunta, por separado, por su especie favorita o a la que le tienen un cariño especial, ambos responden sin dudas: "el Arrayán morisco".
Se recuperó hace aproximadamente unos 20 años, cuenta él, y fue una especie presente en época nazarí que ahora están utilizando, por ejemplo, para los setos en el acceso de la Alhambra, en la zona conocida como la de los cañones, frente al Palacio de Carlos V. "Es una planta emblemática, una maravilla", sentencia Ávila.
Garrido, por su parte, destaca este ejemplar por su procedencia ya que, explica didáctica la bióloga, "el Arrayán morisco es una variedad cultivar", es decir, fue modificada por el hombre para el simple hecho de observarlo, como ornamento, "hasta tal punto", refiere, "que se parece muy poco al Arrayán".
De hojas abarquilladas y de mayor tamaño, esta especie ya aparece citado en textos de los siglos XVI y XVII, antiguamente utilizado de forma amplia en espacios ajardinados granadinos, y del que hoy sólo quedan en el recinto monumental dispersos ejemplares, algunos de ellos centenarios. Por ello, su estudio, recuperación y multiplicación es, en la actualidad, objetivo destacado de la Alhambra y Generalife, indican desde el Patronato.
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